Detectando la contaminación de NO2 de los buques desde el espacio

Acaban los científicos de explotar las imágenes capturadas por el satélite Copernicus Sentinel-5P para detectar las plumas de dióxido de nitrógeno generadas por cada buque de forma individual.

Nitrogen dioxide emissions over the Mediterranean
Emisiones de dióxido de nitrógeno sobre el Mediterráneo / crédito: ESA
contiene datos modificados de Copernicus Sentinel (2018), procesado por Georgoulias et al.

Es sabido que el transporte marítimo tiene un impacto directo en la mala calidad del aire de muchas ciudades costeras, las cuales reciben en permanencia en sus puertos tanto naves mercantes y cruceros cuyos combustibles al quemarse emiten subproductos altamente contaminantes. De hecho, un estudio anterior estimó que las emisiones del transporte marítimo son responsables a nivel mundial de alrededor de 400 000 muertes prematuras por cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares y 14 millones de casos de asma infantil por año.

Por esta razón, durante la última década, se han realizado esfuerzos para desarrollar regulaciones de emisiones de transporte marítimo internacional. Desde 2020, el contenido máximo de dióxido de azufre (SO2) de los combustibles para buques se redujo a 0,5% (comparando con 3,5% anteriormente) en un esfuerzo por reducir la contaminación del aire, proteger la salud y el medio ambiente. Se espera que las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2) del transporte marítimo también se restrinjan durante los próximos años.

Fiscalizar los buques para que cumplan con estas regulaciones sigue siendo un desafío sin resolver. El océano abierto cubre vastas áreas, con capacidad limitada o nula para realizar controles locales. Aquí es donde el satélite Copernicus Sentinel-5P podría ser útil para monitorear los buques de forma remota.

Patrones de concentración de dióxido de nitrógeno en condiciones de brillo solar
Patrones de concentración de NO2 en condiciones de brillo solar / crédito: ESA
contiene datos modificados de Copernicus Sentinel (2018), procesado por Georgoulias et al.

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